21 de abril de 2019

Despedida

-Imagen Diana Dihaze-
Lo que fue.
Lo que no tuve.
Nada de aquello
quedó en el umbral
de los recuerdos.
Si acaso tu silueta,
perdida entre la sombra,
de lo que deshecho.
Nunca un espacio deshabitado
contuvo tanta noche.

Aquello que pudo haber sido.
Aquello que sé que jamás, fue.
Al borde de la arista
rompiente de sueños,
siembra de realidades.
Cimbrea la palabra herida,
muda y desconsolada.
Es un adiós lleno de vida.
Es un principio vacío de finales.

-Verónica Calvo-



9 de abril de 2019

Personas manuales de sapiencia

De quien tiene todas las respuestas,
desconfío.

Solo sé
     que no sé nada.

-Ya lo dijo Sócrates,
perdonen la zona común-.

Cuanto más sé,
pongo en duda lo aprendido.

Me rebelo ante tanta intromisión.

Y todavía me vienen con respuestas,
consejos no pedidos,
cátedra de andar por esa casa,
que se les cae encima, cuando
el silencio,
               todo lo abarca.

-Verónica Calvo-
 (Julio, 2016)

3 de abril de 2019

Incompatibles


-Imagen Brooke Shaden-
Eres verano.
Yo, invierno.

Llevas escudo.
Yo voy desnuda.

Eres isla.
Yo, montaña.

El miedo te anida.
Mi nido, la vida.

Tu sumisión
contra mi rebeldía.

Transita,
que yo, me instalo.

-Verónica Calvo-
 (Agosto, 2011)

27 de marzo de 2019

Una calle

-Imagen tomada de la red-
Tantas veces pasé por esta calle,
llena de nostalgia,
llena de indiferencia,
llena de pasos sin huella.
Una tarde,
el cielo, se vistió
de ese gris que ahoga.
Lloraba, frío e insistente.
La ciudad, despoblada.
Qué silencio tan maravilloso.
Cuánto noviembre avanzado.
Y yo, caminando esta calle,
mojándome y riendo
-llevaba una ilusión
en el corazón-,
me atreví a reconocer
que la primavera era grata.
Una primavera
en el que inverna,
es como un milagro;
aunque sepas que va a durar poco;
aunque sepas que volverá la escarcha.

Y ahora esta calle del milagro
-o espejismo, o engaño-,
la encuentro desabrida.
Nada en ella es bello,
resaltable o notable.
Es una calle ancha,
como tantas en Madrid.
Solo que ahora,
a veces cuando me detengo,
un olor a hierba fresca,
me recorre el recuerdo.


-Verónica Calvo-

15 de marzo de 2019

10 de marzo de 2019

Luces y sombras

-Imagen Elena Baca-
Entre las sombras
que proyectan los árboles,
mi silueta.

Ente mi silueta
y las ramas del almendro,
un resquicio de luz.

Entre la luz,
se mece esta sombra.

Juegos
de luces y sombras;
juegos
de huida hacia la luz,
para volver a ser sombra.


-Verónica Calvo-

4 de marzo de 2019

A veces

-Imagen Brooke Shaden-
A veces
quiero ser viento.
Levantar a mi paso,
el polvo del camino.
Sepultar a manipuladores,
mentirosos convulsivos,
farsantes de medio pelo,
mediocres que se venden
robando la creación del otro,
políticos, soberbios,
envidiosos, inapetentes
de vida y muerte, indecisos,
psicópatas y codiciosos.

A veces quiero
despeinar olvidos,
enredar entuertos.

-Verónica Calvo-



27 de febrero de 2019

Las chicas


Cruzaban los parques
como una bandada de estorninos.
A su paso,
brisa fresca y algo de hielo.

Las chicas
vestían faldas cortas,
camisetas negras,
y pantalones ajustados,
Las chicas,
labios rojos, rímel azul,
ojos oscuros perfilados.
Las chicas
retaban muertes,
bebían vida.

Subían montañas
fundidas en el ocaso.
Llevaban cucharas,
para rebañar, lo que quedaba del día.
Robaban la estrella vespertina,
y con ella, se adornaban.

Las chicas,
réquiem y canto.
Las chicas,
cascabeles a su paso.
Las chicas,
fumaban nubes de desencanto.

Las chicas,
perduran en el letargo.


-Verónica Calvo-

21 de febrero de 2019

Poema a mi padre



Dejo unas rosas
en el pedestal a tu memoria.
Me sonríes
desde el vapor donde habitas.
No hay un día
que no acudas a mi encuentro.

Y, aun así,
en este día tu recuerdo
es más recuerdo.

Te conmemoro,
te felicito
y te imagino.

En este lugar del Silencio,
donde la sombra no inoportuna,
hablamos sin sonidos.
Tu mirada en la mía,
las rosas, sin espinas.

 -Verónica Calvo-

17 de febrero de 2019

La pintora de nubes




Tenía siete años cuando se fijó que en el cielo pasaban cosas curiosas. Por más que insistió en que había una oveja saltando una nube, nadie la creyó.
Cuánta imaginación, decían los mayores. Pero ella no solo vio esa oveja ese día, también vio un elefante.
A los diez años la regalaron por su cumpleaños una cámara fotográfica. No había día en que no retratase alguna nube que, generalmente, tenían formas de animales, aunque alguna cara también se dejaba ver. Rostros amables, sonrientes, incluso traviesos.
A los veinte años empezó a pintar al pastel, algunas imágenes de las nubes que había fotografiado. Sus pinturas eran buenas, decían.
Ya cumplidos los veintisiete, expuso en una galería. La prensa se hizo eco y empezó a cotizar. Por aquellos meses, se enamoró y ya solo veía corazones en el cielo. Etapa rosa, dijeron los entendidos.
Siguió mirando el cielo y pintando, pero ahora también encontraba formas llenas de misterio, con aquellos claros y oscuros que aportaba el crepúsculo.
Una tarde de mayo él la abandonó entre el bullicio de una cafetería del centro.
Empezó a ver caras siniestras, oscuras, delirantes. Etapa negra, sentenciaron.
De esto han pasado quince años y ella sigue pintando lo que las nubes sienten, y lo sabe muy bien, porque se han metido en su cabeza, nublando la luz de la razón.

-Verónica Calvo-

10 de febrero de 2019

A usted


-Imagen Duy Huynh-
Confórmese
con el recuerdo
de aquella noche
de noviembre,
empañando los cristales.
Lo pasamos bien.
(Usted mejor que yo).

No venga con simplezas.
A mí no me pierde su camino,
ni me molesta ser in extremis,
en su lista, ampliamente recorrida.
¿Se lo recuerdo?
Yo no estoy (ni estuve, ni estaré).

Que un año da para mucho.
Que en un año se vive,
muere y renace en una
constante vital, donde
hay puertos o extravíos.

No sea egocéntrico.
Una foto y una frase
bien puede ser ficción,
o verdad ajena a su
propiedad. No se adueñe
de lugares ni de mundo.

Se lo advertí hace un siglo:

usted se arriesga
a acabar en un poema,
como este,
tejido en su olvido.


-Verónica Calvo-

4 de febrero de 2019

Aire y relente

-Imagen tomada de la red-
Dejaré un poema al alba,
antes de que vuelen mis vencejos.

Seré aire,
relente que a tus brazos no llegue.

Entre versos
dejaré la penumbra
que me anida,

y así, callada,
se fundirán en el olvido,
todas las ataduras
que condenan a la Nada.

-Verónica Calvo-

28 de enero de 2019

Se agradece

-Imagen tomada de la red-
Se agradece
la gélida noche
de este enero moribundo.

Llega el silencio.

Se acalla la jornada
de voces saturadas,
de quejas, lamentos
y pronombre personal,
en primera persona singular.

Se agradece,
esta madrugada serena,

después de tanta batalla
                                    prolongada.


-Verónica Calvo-

21 de enero de 2019

Conclusiones

Observo y palidezco.
Lo que a unos les parece normal,
a otros nos espanta.
¡Tanta humanidad perdida!
¡Cuánto desatino!
Y entonces,
quiero ser una coliflor
dormida en un huerto.

Recibir los cuidados del sol,
cuando el clima lo permita,
y embeberme del agua que nutre.
Estar a salvo,
cobijada entre calabacines,
puerros y calabazas.

Intocable
para aquellos que aborrecen,
a tan noble vegetal,
y apreciada, por los que dicen,
estar a salvo de la violencia.

Podéis comerme,
-siempre nos devoramos-,
pero con delicadeza.

A veces,
mi pensamiento raya la metáfora.


O la locura.

-Verónica Calvo-

14 de enero de 2019

Deseo

-Imagen Tomohide Ikeya-
Llegar hasta tu rostro,
y acariciarlo.

Abrazar estos años,
con sus sombras y penumbras,
que tanto me enseñaron.

Ser melodía
de tu canto,

y tú,
verso de mi poema,
                            inacabado.


-Verónica Calvo-

8 de enero de 2019

Punto final


-Imagen Katia Chausheva-
Ir a lo profundo
del bosque,
con un aullido
entre los dientes.
Ser el silencio,
la imperturbable paz
que reina entre la nieve.
Respirar este aire
con aroma de otro tiempo,
y enterrar tus recuerdos.

Ir allí,
donde sale el sol
por donde quiere.
Ver deslizar la sombra
en la ladera
cuando el día descuenta.

Liberar el aullido,
reverberar como un lucero
en el alba de la escarcha.
Ir, de nuevo,
a lo profundo del bosque,
y arrojar, en una sima,
todo aquello que ya no me pertenece.

-Verónica Calvo-