25 de febrero de 2024

Habla la noche

                                                                                 -Imagen tomada de la red-


Habla la noche,
susurra y se adormece
en la línea de la alborada.
Se columpia
y se engrandece,
se hace norte,
guía en dos corazones
que se reconocen.
Y levantan el vuelo
entre el vapor y la caída.
Son brazos, dos susurros
y una media luna esquiva.
Despliegan alas,
poemas malvas
y en su devenir por las esquinas,
oscuridad donde un eco lejano, brilla.
 
Verónica Calvo
ISNI: 0000 0005 0390 9911
 
 
(Publicado en este blog el 23 de enero de 2013)

9 de febrero de 2024

Baudelaire: Los beneficios de la Luna

                                                                 -Imagen tomada de la red-

La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo: «Esta criatura me agrada.»

Y bajó muellemente por su escalera y pasó a través de los cristales. Luego se tendió sobre ti con la textura flexible de una madre, y depositó en tu faz sus colores. Las pupilas se te quedaron verdes y las mejillas suavemente pálidas. De contemplar a tal visitante, se te agrandaron de manera rara los ojos, tan tiernamente te apretó la garganta, que te dejó para siempre ganas de llorar.

Entretanto, en la expansión de su alegría, la Luna llenaba todo el cuarto como una atmósfera fosfórica, como un veneno luminoso; y toda aquella luz viva estaba pensando y diciendo: «Eternamente has de sentir el influjo de mi beso. Hermosa serás a mi manera. Querrás lo que yo quiera y yo lo que me quiera a mí: al agua, a las nubes, al silencio y a la noche; al mar inmenso y verde; al agua informe y multiforme; al lugar en que no estés; al amante que no conozcas; a las flores monstruosas; a los perfumes que hacen delirar; a los gatos que se desmayan sobre los pianos y gimen como mujeres, con voz ronca y suave.

«Y serás amada por mis amantes, cortejada por mi cortesanos. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes apreté la garganta en mis caricias nocturnas; de los que quieren al mar inmenso, tumultuoso y verde; al agua informe y multiforme, al sitio en que no están, a la mujer que no conocen, a las flores siniestras que parecen innecesarios de una religión desconocida, a los perfumes que turban la voluntad y a los animales salvajes y voluptuosos que sin emblema de su locura.»

Y por todo esto, niña mimada, maldita y querida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en toda tu persona el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.

 -Charles Baudelaire-

(De Poemas en prosa, o El spleen de París)