30 de abril de 2016

El hombre que amaba sus raíces








«No es perder el patrimonio, es perder la civilización».
Khaled al Asaad 


Aquella mañana Khaled al Asaad tomó la gran decisión. Sabía que el ISIS no tardaría en tomar su amada Palmira como también sabía a lo que se exponía, pero no lo dudó.
 Organizó la evacuación del Museo Arqueológico hacia Damasco. Aquellas furgonetas cargadas con piezas valiosas podrían no llegar jamás a su destino debido al país en guerra, así que seleccionó las cuatrocientas piezas más valiosas.
 Valiosas no por su historia, valiosas a nivel monetario ya que podrían ser fácilmente vendidas para alimentar la maquinaria del ISIS debido a sus metales preciosos y a su pequeño tamaño para ser transportadas.
  Llamó a sus hijos, Mohammad y Walid, y a su cuñado, Jalil, casado con su hija Zenobia, y fueron cargadas en una furgoneta para ser enterradas en alguna zona del inmenso desierto Sirio. Se despidieron con un fuerte abrazo conteniendo la emoción a duras penas. Sabían que no habría un feliz reencuentro.

Y llegaron los terribles y tomaron Palmira. Ejecuciones en el anfiteatro romano donde civiles fueron obligados a presenciar la barbarie para que cada célula de sus anatomías se impregnaran con el arma psicológica más efectiva: el terror.
  Por supuesto se dirigieron al Museo, pero lo encontraron casi vacío. No tardaron en ir en busca de Khaled al Asaad.
  Allí estaba, digno y fuerte, en el que fuera su despacho pues ya estaba jubilado. Les esperaba.
 Detuvieron al anciano de 82 años y durante un mes fue terriblemente torturado día a día. Siempre la misma pregunta: dónde está enterrado el tesoro. 
 Él nada decía y agradecía calladamente que los informadores no hubieran sido capaces de ver dónde había sido enterrado.
 Khaled al Asaad sacaba fuerzas del amor a sus raíces que eran arena del desierto y piedras talladas. Nada lograron los terribles pese a todo.

Khaled al Asaad fue decapitado en agosto de 2015 y su cuerpo fue expuesto colgado de una farola en una plaza principal de Palmira, con la cabeza a sus pies y sus gafas perfectamente colocadas. Un letrero colocado en su cuerpo decía que había apoyado y representado al régimen de Siria en las conferencias de los infieles, había dirigido el sitio de los ídolos de Tadmur, visitado Siria y celebrado el triunfo de la revolución de Jomeini. También le acusaban de tener contacto con funcionarios de los servicios de seguridad e inteligencia sirios.
Palmira fue liberada el 24 de marzo de 2016 por el ejército Sirio, Herbolah y comandos rusos.
Han sido encontrados cerca de cuatrocientos agujeros en el desierto excavados por el ISIS.
Todavía no ha sido encontrado el tesoro enterrado.

-Verónica Calvo-

-Imagen tomada de la red-


11 comentarios:

Sergio dijo...

Este cuento tan real si que da miedo. Y ademas hay un heroe malogrado pero auténtico. Impresionante de varios modos.

TORO SALVAJE dijo...

Joder... que fuerte y que ejemplo de dignidad....

Besos.

Verónica Calvo dijo...

Pasaré a leerles en la semana.
Gracias por sus comentarios!!!

ReltiH dijo...

UFFFFFFFFFF TREMENDO REALISMO EL TUYO!!! EXCELENTE!!!
ABRAZOS

J. R. Infante dijo...

Tal vez en lugar de escarbar en el suelo deberían escarbar en sus mentes. Sería más fructífero para toda la Humanidad.- Besos

LA ZARZAMORA dijo...

Seguirán cavando... son tozudos.

Besos, Verónica.

una chica de ojos marrones dijo...

tremendo... e increíble como los convertido en relato.
besotes!!

Sor.Cecilia Codina Masachs dijo...

El mundo está loco buscando tesoros que no valen nada, en cambio matan la vida que es realmente un gran tesoro.
Gracias
Un abrazo

Maria Rosa dijo...


Que valiente. Una historia que pone los pelos de punta y causa impotencia. Gracias por darla a conocer.

mariarosa

Anónimo dijo...

asi, de duro son algunos relatos de la vida.
avaricia, codicia, terror,destrucción, ejecuciones ....
una locura en vivo.
fuerte pero real.

Rosa dijo...

Sí, tremendo y, por desgracia, muy real.
Un hombre íntegro.

Un beso, querida Verónica.