8 de mayo de 2016

Leopoldo María Panero: Dedicatoria


Imagen: Leonor Fini
Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.


-Leopoldo María Panero-


("Last River Together" 1980)






16 comentarios:

ReltiH dijo...

UFFFFF, GUAUU, TREMENDO POEMA!!!!
ABRAZOS

María Perlada dijo...

Gracias por compartirlo.

Un beso.

TORO SALVAJE dijo...

Qué buena idea!!!

Me voy a pasar todo el domingo pensando en como convertir mi cadáver en un espantoso haiku.

Besos.

Marinel dijo...

Impresionante...no sé qué más decir.
Besos.

LA ZARZAMORA dijo...

Lo conocía, pero releer a Panero, es una suerte siempre.

Besos, preciosa.

Maria Rosa dijo...


Sólo un poeta puede escribir poesía sobre su cadáver. Me gustó.

mariarosa

Letraherido dijo...

Supe hace muchos años de este poeta gracias a Bunbury. A cuántos poetas he conocido gracias a cantantes...
Un saludo :)

Rosana Marti dijo...

¡Soberbio poema! Estupenda metáfora.

Besos.

Euterpe dijo...

He tenido que leer el poema un par de veces para comprenderlo, y ahora me he dado cuenta de lo que quiere decir. Es hermoso, me recuerda a una frase que muchas veces he pensado: Es extraño cómo podemos hacer de una imagen o emoción triste algo tan bello como un poema.

tecla dijo...

Impresionante, Vero. Demoledor desde mi punto de vista.
Un abrazo.

Sergio dijo...

Vale, la fecha (1980) me indica que todavía le quedaba lucidez para escribir buenos poemas. En sus últimos años le fue raleando esa lucidez. Pero era un gran poeta. Y ese extra de alucinado lo hace más especial si cabe.

Anónimo dijo...

Todo un Poemazo.
te llega.
me gusta todo

María Socorro Luis dijo...


Genial, Panero.

Un abrazo

José Manuel dijo...

Intenso hasta el final.

Besos

tecla dijo...

No me acordaba de que te lo había comentado.
Aquí te dejo otro poema suyo:

Marcho inclinado, mirando al suelo
lleno de peces que sudan
como mi barriga
llena de cerveza que sube y que baja
sobre la acera, al compás de mis pasos: elefante
mirando al suelo, grasa de ballena, rostro
reflejado en las risas de los hombres.
Casanova era así, de viejo,
me digo
para no insultarme: apedreado
por niños al crepúsculo.
Marcho inclinado, mirando al suelo;
los muertos están boca abajo. Sin duda
moriré en la calle.
Entro en el bar y el cervecero
ya está, como siempre, la copa en la mano
anunciando mi muerte.

Es el suyo uno de mis libros de cabecera.



Rosa dijo...

¿Lo hizo?
Me parece una idea bella.
También depende de cómo ...

Un beso, querida Verónica.